Copio abajo el artículo publicado en Cirqla.com, tal y como ha aparecido en el magazine del Círculo de Lectores. Espero que os guste.
JLConty
José Luis Conty nos hace viajar con las palabras al Valle Gran Rey
Llegar a Valle Gran Rey, en la isla canaria de La Gomera es dejarse invadir por la luz. Es entender de inmediato que el tiempo se detiene, las horas se distancian entre ellas y el reloj se convierte en un objeto inservible.
Nombres como Guarañel, Chelé, El Guincho o Taguluche sugieren paisajes y suenan a calma, a murmullos serenos en el sosiego de un lugar donde el negro basáltico contrasta con el turquesa traslúcido de las rompientes, con el blanco de la espuma extendida sobre la arena oscura y salpicada por el rojo volcánico de algunas rocas.
Reina en su paseo el silencio roto por la canción de los cantos, que ruedan y rechinan chocando entre sí arrastrados por la resaca. Un sonido misterioso, antiguo, rítmico, eterno. La voz del mar que se graba en la memoria del caminante.
En Valle Gran Rey aturde el silencio y la vista del viajero se pierde sin saber dónde mirar. Dudará si quiere fundirse con el horizonte infinito de una puesta de sol en el mar, un ocaso que se remata, a lo lejos, con la silueta de la isla, también perdida, de El Hierro. O quizás escoja dejarse impresionar por la inmensa mole piramidal, negra y roja de La Mérica, una montaña vertical que cae acantilada desde más de quinientos metros de altura apretando al pueblo contra el mar, arrinconándolo en una lengua de aluvión en la que se asientan las casas de pescadores, bajas y coloridas, las playas, casi siempre desiertas y el puerto.
Valle Gran Rey, visto desde el barranco, es una profunda hendidura de laderas transformadas por el hombre en bancales verdes y casitas que se esparcen por el valle escondidas entre los riscos, los naranjos, los guarapos y los laureles. Un oasis en el desierto del sur de la isla perdida. Una brecha profunda en la tierra negra salpicada de violetas, lirios, retamas, orquídeas y acantos que termina en la luminosa superficie plateada del mar.
Valle Gran Rey es un paraíso natural, pero es también el reino de la tolerancia y de la libertad. El lugar en el que el rojo no significa prohibido, sino color, el color del atardecer, de la luz, de los adoradores del sol. Calma, permisividad, relax y tiempo para todo y para todos.
Qué más se puede decir de un lugar de donde uno nunca quiere salir. Quizás todo se pueda resumir con las palabras y el gesto que me dedicó Pepe, el dueño de una tienda en la playa.
— ¿Quién querría abandonar esta paz y perderse este olor?
Y alargó la mano, abierta hacia las olas, y se la llevó a la cara mientras cerraba los ojos y aspiraba profundamente todo el perfume del mar.
Después los abrió y sonrió diciendo…
—De Valle Gran Rey nadie se va del todo. Al irse, todos dejan aquí un poco de su libertad.
Por José Luis Conty autor de Los caminos del agua.
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